Durante décadas, la psicología se ha dedicado al estudio de la enfermedad mental, dejando en segundo lugar algunos aspectos positivos y saludables de la persona. Esto es así porque durante la mayor parte del siglo XX se consideró a la salud como la mera ausencia de enfermedad. Sin embargo, ya hace algún tiempo que se entiende más como un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente como la ausencia de afecciones o enfermedades.

El psicólogo estadounidense Martin Seligman, uno de los fundadores del movimiento de la psicología positiva, dice que la psicología ha tenido tres tareas fundamentales a lo largo de la historia.

  1. Sanar las enfermedades mentales.
  2. Hacer que la vida de las personas sea más feliz, productiva y plena.
  3. Detectar y favorecer aquellos jóvenes con un talento extraordinario, de manera tal que puedan explotar todo su potencial.

Sin embargo, debido a la urgencia de la primera tarea representa, las otras dos han quedado relegadas y los esfuerzos por mejorar la vida de la gente se han visto mermados. Y pese a los probados avances que la psicología había tenido hasta entonces en esa dirección, al asumir como presidente de la Asociación Americana de Psicología, este psicólogo decidió dar un viraje completo de los esfuerzos de investigación.

“Como terapeuta, veo pacientes para quienes el modelo de enfermedad es aplicable, pero también pacientes que mejoran de forma notoria bajo una serie de circunstancias que no encajan en el modelo de enfermedad” (Seligman, 2002).

Este cambio de perspectiva se sostiene a partir del descubrimiento de que la curación de la enfermedad mental puede ser incierta muchas veces. Mientras que la promoción de ciertas fortalezas, capacidades y virtudes actúan como barreras contra la aparición de los síntomas en las personas que corren el riesgo de sufrir una enfermedad mental.

El foco exclusivo en la patología que ha dominado tanto de nuestra disciplina resulta en un modelo del ser humano al que le faltan las características positivas que hacen que vivir valga la pena. Esperanza, sabiduría, creatividad, mentalidad orientada al futuro, coraje, espiritualidad, responsabilidad y perseverancia son ignoradas o explicadas como transformaciones de más auténticos impulsos negativos. (Seligman & Csikzentmihalyi, 2000).

Ahora bien, la psicología positiva persigue una visión más integral de la salud, que comprende el bienestar del individuo, pero también del grupo y de la sociedad. Al respecto afirma Seligman:

La psicología positiva se basa en tres pilares: en primer lugar, es el estudio de la emoción positiva; el estudio de los rasgos positivos, sobre todo las fortalezas y virtudes, pero también las ‘habilidades’ como la inteligencia y la capacidad atlética; y el estudio de las instituciones positivas, como la democracia, las familias unidas y la libertad de información, que sustentan las virtudes y a su vez sostienen las emociones positivas (2002).

La psicología positiva puede ser definida como una rama de la psicología que busca comprender, a través de la investigación científica, los procesos que subyacen a las cualidades y emociones positivas del ser humano, que han sido desestimadas por la psicología a lo largo del tiempo (Vera Poseck, 2006).

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