síntomas de la ansiedad

Uno de nuestros lectores ha querido compartir generosamente algo de su historia personal. Entre las cosas que nos cuenta, aparecen los síntomas de la ansiedad y como se entrelazan con diferentes pasajes de su vida.

**Aclaro que algunos datos han sido modificados

 

Mi nombre es Exequiel, tengo 18 años y vivo en Chile. Hace seis meses, luego de concurrir a mi primera sesión con el comité de salud mental, pude titular lo que me pasaba como “trastorno de ansiedad”. Esto me generó alivio, ya que podían ayudarme a lidiar con él.

¿Qué es la ansiedad?

Para saber más sobre los trastornos de ansiedad podés entrar en este artículo.

Psicólogo en Mendoza
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La ansiedad es un estado de agitación, inquietud o zozobra del ánimo, según la RAE.

Este mecanismo activa el sistema nervioso de nuestro cuerpo preparándonos para aquellas situaciones que nos causen miedo, o las consideremos una amenaza.

Tanto adultos, como niños y adolescentes. Todos sufrimos de ansiedad en alguna ocasión: al dar un examen, preparándonos para un evento, al viajar, cuando vamos a trabajar, mientras esperamos en la cola del supermercado, etc. Finalizado aquel momento agobiante, el sistema nervioso se desactiva y podemos continuar con nuestras actividades normalmente.

¿Cuáles son los síntomas de la ansiedad?

A veces podemos ser exagerados al describirlos. Sin embargo, todos concluimos en lo mismo. Preocupación, nervios, y dolores estomacales, sudoración, impaciencia, temblores e  inestabilidad, la dificultad para tomar decisiones o para respirar. Todo junto.

Cuando la preocupación es excesiva, cuando los síntomas se agravan y nos dificulta seguir con nuestro día a día.

La preocupación puede deberse a las distorsiones cognitivas.

¿Cómo me sentía antes del diagnóstico?

A los 17 años comencé a ir más seguido a mi médico de cabecera. Intentaba explicarle lo que me pasaba, pues me culpaba por faltar tanto a la escuela. Me sometí a varios exámenes de sangre para descartar posibles enfermedades, pero no tenía nada. Luego de varios meses le pedí una orden, ya no podía controlarme, tenía que asistir a un psicólogo para que me diera una solución, o al menos que me ayudara a comprender.

Al concurrir al Comité de salud mental, donde me recibieron dos psicólogos, me hicieron preguntas sobre mi día a día, sobre salidas, amigos, como me comportaba con el resto, síntomas, etc. Comencé a soltarme, a sentirme en un lugar seguro, confiable, les dije que necesitaba ayuda. Buscar una solución. La situación era inaguantable al punto que cancelaba todo y faltaba con frecuencia a clases.

Ese día era un saco de nervios, jamás había ido a un psicólogo. La verdad que la mayoría te sugestiona con que los psicólogos te derivan al loquero, pero no fue así. Fui el último en ser atendido, cada vez que llamaban a alguien mi ritmo cardiaco se aceleraba, veía salir a los que eran atendidos con una sonrisa en su rostro, necesitaban alguien que les dijera “podemos ayudarte” para poder respirar y sonreír.

¿Como descubrí lo que tenía?

Desde chico comencé a experimentar los síntomas. Pero no fue sino hasta los dieciséis años que, luego de leer un articulo, me di cuenta  de lo que me pasaba. Ese artículo era de una psicóloga que sufría de trastorno de ansiedad y contaba cómo era lidiar con él. Yo sentía los síntomas que ella mencionaba.

Comencé a investigar, a recopilar mucha información al respecto en distintas páginas de salud. – Tan típico de nosotros remitirnos a la web -. Necesitaba saber si era un trastorno.

¿Qué fue lo que causó este trastorno?

Los trastornos de ansiedad pueden conducir a estados depresivos.

Es una pregunta que me hacen siempre, mi médico me recomienda no mirar hacia atrás, pero, fue en la niñez cuando comencé a sufrir ataques de ansiedad. Al cabo de un tiempo saqué mis propias conclusiones respecto a qué lo había causado.

El alcohol indirectamente me había generado miedo, ansiedad. Hoy en día no puedo estar cerca de personas que tomen. No puedo salir con amigos o asistir a eventos sin sentirme mal, inseguro. Creo que esto es así porque mi papá, desde que tengo memoria, ha tenido problemas con el alcohol.

Recuerdo que, al volver de un viaje a Francia por trabajo, él había cambiado totalmente. Ya no podía controlarse. Yo salía de la escuela y quería llegar a casa a jugar. Pero no podía hacerlo porque los nervios me lo impedían, temía que algo malo sucediera. La presencia de mi padre alcoholizado me daba miedo. Así saliera a la calle a despejarme, estaba preocupado, ansioso.

Un día yo tenía mucha fiebre, mi mamá trabajaba, pero estaban mis hermanos. Mi papá  llegó borracho y recuerdo que me hablaba. Me alteraba que levantara la voz. Apenas podía respirar. La pesadilla se acabó una vez que se durmió.

Síntomas y sensaciones

Los malestares estomacales y dolores musculares eran frecuentes. Angustia, aceleración del ritmo cardíaco, así como fuertes puntadas en el pecho. Fatiga, insomnio, preocupación por el futuro, inseguridad, mareos, miedo, estrés, pánico, sudoración, etc. Todos ellos estaban a la orden del día. También sentía una gran incomodidad, como una fobia, al estar rodeado de muchas personas. Incluso llegué a sentirme deprimido algunas veces.

Constantemente me preocupo por cosas que para otros no son tan importantes. Creía que todos pasaban por lo mismo, que era normal. Pero no, como muchos podían correr detrás de una pelota sin ningún problema o no tenían la necesidad de fingir una sonrisa porque se sentían bien. Yo, en cambio, me retiraba de clases con dolores en el pecho, todo transpirado, con mareos, con la sensación de que me iba a desmayar, o que me iba a dar un infarto.

Entrar a un salón me causa pavor, no puedo estar rodeado por muchas personas ni ser el centro de atención, tengo la necesidad de apartarme, de salir corriendo.  

Cuando entablo una conversación y me incomoda, comienzo a temblar, a transpirar. Siento como un fuego interno que me quema. Puedo tartamudear o incluso perder el hilo de la conversación.

¿Cómo es un día de mi vida?

Cada mañana es una lucha. Levantarme, seguir caminando hacia adelante a pesar de todo, a pesar de sentirme fatigado, nervioso, preocupado, angustiado. Aunque no he sufrido un episodio de depresión puntualmente, si me he sentido triste, melancólico.

Un día común de mi vida comienza al levantarme, tengo que respirar suavemente, controladamente, relajarme. Sé que si me despierto atacado de los nervios va a ser un día complicado.

Desayuno de la forma más saludable posible, trato de evitar la cafeína. Planeo las actividades que tengo para el día, adelanto tareas. Luego almuerzo, mayormente verduras. A estas horas me transpiran mucho las manos. En la tarde puedo merendar con normalidad, a menos que se presente una situación estresante.

A la noche realizo ejercicio, abdominales, lagartijas, al menos 20 minutos, para gastar energía. Muchas veces me es difícil conciliar el sueño. Pienso en cómo fue mi día, aquellas cosas que me molestaron o afectaron. Trato de identificarlas para luego enfrentarlas. Replanteo todo lo que hice mal para cambiarlo.

¿Alguna vez he tenido que recurrir a los fármacos?

Como recién comienzo con la terapia le pedí a mi medico algo para los nervios y para la traspiración mientras terminaba los estudios, ya que son los síntomas que más me afectan. Me recetó un ansiolítico para adolescentes y para controlar el exceso de transpiración.

Tuve que dejar de tomarlos porque no me hacía efecto, todo lo contrario, las manos me sudaban más al igual que la planta de los pies, y los mareos eran persistentes. Me dieron pase al psiquiatra y a un psicólogo para comenzar con el tratamiento.

Muchas veces son notorios los efectos secundarios de este tipo de medicamentos, se supone que luego de un tiempo deberían desparecer, es hasta que el cuerpo se adapte a ellos, pero si no desaparecen es recomendable consultar al médico para dejarlos.

Tomo suplementos con vitaminas, hierros, ya que vivir con trastorno de ansiedad es desgastante tanto física como psicológicamente.

¿Qué resalto de este trastorno y como veo mi futuro?

La niñez y adolescencia no han sido fáciles. Principalmente, porque no entendía lo que me sucedía. Tampoco mi entorno podía ayudarme, perdí mucho tiempo que me hubiese gustado aprovechar al máximo, sacando adelante proyectos, y aprendiendo nuevas cosas.

Es una experiencia más que te forma como persona. Es difícil de llevar, pero siempre hay que ver lo positivo. Si la ansiedad es útil para la vida, manejando este trastorno tus sentidos están altamente sensibilizados, podés ver con más amplitud y lograr cosas maravillosas.

La psicología me ayuda a llevar adelante este desafío, a entenderme y convivir conmigo mismo. Cuando te sentís solo no es recomendable cerrarse, pues, te invaden pensamientos negativos, dañinos, que muchas veces son irracionales. Debemos aprender a atacarlos con positividad. ¿Cómo? Pensar en todas las cosas positivas que pudimos aprender luego de las dificultades.

Sí, sufro de un trastorno mental que me hace sentir incómodo, que me hace quedar al margen de muchas cosas, pero vivo.

Por otro lado, recomiendo la música, más aquellas letras de profundidad sin igual. Aquellas que piensas que fueron escritas para ti. Muchos expresan su sentir así, y es una forma positiva de canalizar todos estos sentimientos.

Lo último, escribir todo aquello que me hace sentir mal, que me dejaba perplejo. Así sean notas, un cuento o en alguna red social. Yo escribo mucho por Facebook acerca de enfermedades mentales, el bullying, el suicidio, sobre lo que vivo y así es como he conocido muchas personas que pasan por lo mismo, que te hacen ver que no estás solo. Yo me adapté a vivir con trastorno de ansiedad. A mi manera vivo, disfruto, tal vez contra la corriente, pero quizá esa corriente no es muy buena.

Mi futuro es incierto, sólo sé que estudiaré psicología, seguiré viviendo con ansiedad, pero con la terapia aprenderé a controlarla. De seguro caiga muchas veces, pero me levantaré y seguiré adelante.

Al final de eso se trata, de aprender de nuestros errores, de sobrepasar las pruebas, pero recuerden, nunca estamos solos, si aprendemos a manejar nuestros pensamientos y a aceptarnos, ni siquiera cuando estamos solos nos sentimos así…

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