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El espíritu es nuestro yo verdadero, nuestro centro más íntimo, esencial y primigenio. Es un yo solitario, a la vez conectado con todos los seres y con el Espíritu Universal. Es la parte indestructible y eterna de nuestro ser y, por lo tanto, la que pervive a lo largo y ancho de la Vida por muchas veces que el cuerpo muera.
El espíritu es el principio animado y vital; lo que da vida al organismo físico, de manera que las personas somos, esencialmente, seres espirituales. No somos cuerpos con espíritu, sino espíritus con forma y experiencia humana temporal. El cuerpo es la realización y la expresión material del espíritu y éste es la parte esencial de la materia.
Espíritu y materia, materia y espíritu, están tan íntima y profundamente relacionados que deben existir y avanzar al unísono. El Universo, como tan claramente afirma El Kybalion, es mental y espiritual en su esencia. Cielo y tierra proceden de la misma fuente. Las diez mil cosas y yo somos una sola. Cada cosa, persona, animal, vegetal, mineral... está en todas las demás y lo mismo ocurre a la inversa. Dicho así sólo es una abstracción, para sentirlo realmente debemos pasarlo a la vivencia e integrarlo en nuestra vida cotidiana, siendo esto lo que nos enseña la Terapia Espiritual: un camino de autoconocimiento para la recuperación, el desarrollo y la expresión de nuestro ser esencial y de sus valores.
Cultivar el espíritu nos permite, entre otras cosas: sanar nuestro interior, superar las dificultades, encontrar sentido a cuanto nos sucede, averiguar nuestra misión particular de vida y sentir la unión con todo cuanto existe, confiando en que, incluso en los momentos más inciertos y difíciles, como los que ahora vivimos, la luz y el amor siempre nos acompañan en nuestro camino de evolución y transformación constantes.

Algunos instrumentos con los que la Terapia Espiritual cuenta para lograr esos objetivos son los siguientes:
1. Aceptación y agradecimiento plenos y profundos de que un@ mism@ es un espíritu eterno, con forma humana y experiencia terrena temporal
2. Comprometernos con esa esencia espiritual y asumir la responsabilidad que conlleva
3. Aprender a ser un@ mismo@ y, a la vez, a saber ser y estar con l@s demás
4. Aprender a estar en el mundo sin ser de él
5. Contemplar y aceptar que los problemas y los dolores vitales son experiencias necesarias para el aprendizaje, la evolución y la transformación
6. Recuperar la guía de la intuición y de la sabiduría interna
7. Confiar plenamente en el Amor Incondicional y convencernos de que tod@s sin excepción somos sus hij@s bienamad@s y hemos sido cread@s a su imagen y semejanza
8. Comprender para qué nos pasa lo que nos pasa y qué tenemos que hacer a partir de ello
9. Encontrar y comprender el sentido y el significado que tiene cada vida particular en la vida de otras personas y en la Vida general
10. Sintonízar y alinearnos con las fuerzas vitales y energéticas básicas del Universo, estando a su servicio y respondiendo en todo momento a sus demandas
11. Ser conscientes de nuestra experiencia y de nuestra influencia en el mundo, al igual que somos influid@s por él
12. Aprender a romper los condicionantes y determinantes del pasado que nos impiden autorrealizarnos
13. Aprender a integrar el destino y el libre albedrío
Copyright © 2009 Mª Dolores Sánchez-