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Detrás de la personalidad adult@ hay una base emocional muy vulnerable y sensible, condicionada y determinada por las experiencias dolorosas y traumáticas de nuestra infancia. A esa parte herida, abandonada, enfadada, triste, celosa, desconsolada, ávida de recibir amor, asustada, desconfiada, que no se acepta ni se quiere..., la llamamos niñ@ interior. En nuestra vida cotidiana y si no hemos hecho el correspondiente trabajo de aceptación, fortalecimiento y sanación, nuestr@ niñ@ interno percibe y se relaciona con el mundo que le rodea dirigiendo inconscientemente nuestras emociones, nuestro pensamiento, nuestras palabras y nuestros actos, esperando o exigiendo que l@s demás cubran sus necesidades de estima, de valor, de aliento, de reconocimiento, de amor, de alegría, de felicidad, de trabajo, de logro...
El desconocimiento, la negación, la represión o la devaluación de es@ niñ@ interior herid@ y enfadad@, atrae a nuestra vida personas, circunstancias y acontecimientos que no colman nuestras expectativas y necesidades, haciendo que a menudo nos sintamos rechazad@s o traicionad@s, dando lugar a relaciones que generan dependencia, desconfianza, resentimiento, sentimientos de culpa, de inadecuación, de impotencia, malos tratos... También puede ocurrir que tratemos de aliviar nuestras frustraciones, carencias e inseguridades con comportamientos adictivos, encerrándonos en nuestro propio mundo y refugiándonos tras una coraza protectora, aumentando la sensación de soledad, de vacío, de carencia, de desamparo, de falta de valor y de culpabilidad.
El/la niñ@ interior es un rincón oculto donde habitan las partes de un@ mism@ que quedaron sin vivir, sin desarrollar, sin expresar, sin concluir, sin sanar, sin superar, sin satisfacer... y que posteriormente, de manera más o menos consciente, salen a la superficie gracias a las dificultades de la vida, para que nos demos cuenta de ellas, las aceptemos y asumamos la responsabilidad de cambiarlas, haciéndonos más complet@s e íntegr@s cada vez. Precisamente porque contiene todos los aspectos inmaduros y doloridos de nuestra personalidad, es por lo que recibe el nombre de niñ@ interior, casi siempre triste, insatisfech@ e insaciable, gimiendo y quejándose ante quienes le rodean, pidiéndoles cosas sin parar para saciar su hambre profunda.

En positivo, la/el Niñ@ Interior es la parte más auténtica de nuestra personalidad, el conjunto de todas nuestras potencialidades en estado puro: recursos innatos, habilidades, espontaneidad, alegría, inocencia, confianza, fe, esperanza, motivación, interés, estímulo, presencia y atención plena al presente, capacidad de asombro, curiosidad, entusiasmo, vitalidad, futuro, valor, sentido de la unión, creatividad..., que deben permitirnos atraer la realización, la plenitud y la felicidad a todas las áreas de nuestra vida.
Cuando en una o en varias de esas áreas no vivimos plenamente ni realizamos todas nuestras posibilidades, a menudo está detrás nuestr@ niñ@ interior herid@, enfadad@, asustad@, triste y débil, impidiendo que seamos quienes debemos ser y que hagamos en el mundo cuanto nos corresponda, hasta que logramos darnos cuenta de ello y nos ocupamos de eliminar lo inadecuado de esos patrones aprendidos, sustituyéndolos por otros más acordes con nuestras capacidades reales de adult@. L@s niñ@s, debido a la corta edad y a las pocas experiencias vividas, carecen de recursos para decidir y para darse lo que necesitan, algo que una persona adulta puede y debe hacer por si misma si bien, con frecuencia, tiene antes que reconocer y valorar al niño o a la niña herid@, enfadad@ y desvalid@ que habita en su interior, empezar a amarl@ y a cuidarl@, sanar sus heridas y acabar con su enfado. Actuando de este modo estamos en óptimas condiciones para reconocer nuestros verdaderos deseos y necesidades, pudiendo a continuación trabajar para satisfacerlos.
Al recuperar, amar y sanar a nuestr@ niñ@ interior, dejan de afectarnos negativamente las emociones dolorosas relacionadas con el pasado, comenzando también una relación más sana con la/el adult@ que ahora somos y, por extensión, con el resto de las personas que integran las diferentes áreas de nuestra vida: pareja, padres, amistades, jefes, hij@s, herman@s, compañer@s de trabajo o de estudios...
Copyright © 2009 Mª Dolores Sánchez-