Meditación e la Rosa - Alcántara Psicologia y Espiritualidad

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Meditación e la Rosa

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MEDITACIÓN DE LA ROSA

En todas las culturas, las flores han comunicado siempre la belleza profunda y la brevedad de la vida. Más allá de esta consideración física y material, tanto en Oriente como en Occidente, la flor siempre ha sido contemplada y utilizada como símbolo del Sí Mismo Espiritual, del Alma, del Ser Verdadero, del Yo Superior o como quiera que llamemos a esa parte eterna y perfecta que habita en lo más profundo de cada ser vivo: minerales, vegetales, animales, human@s, planetas... En China, por ejemplo, existe un antiguo texto taoísta que trata del significado profundo de la Flor de Oro. En la India ha sido y sigue siendo utilizado el símbolo del Loto (nenúfar), que tiene las raíces en el barro, el tallo en el agua y cuyas flores se abren al aire bajo los rayos del sol.  En Persia y en Europa preferentemente, se ha usado como símbolo espiritual la rosa, como por ejemplo en el emblema de la orden de los Rosa-Cruces: una rosa en el centro de una cruz. Para los antiguos griegos y romanos, la rosa representaba el amor y la belleza, así como a una de las diosas más importantes del Olimpo o del Panteón, respectivamente. Me refiero a la alquímica diosa griega Afrodita y su homóloga romana Venus.

Cuenta la mitología que Afrodita entregó una rosa a su hijo Eros, el dios del amor, que a su vez se la dio a Harpócrates, el dios del silencio, para asegurar así que las relaciones amorosas de su madre permanecieran en secreto. En la antigua Roma existía la costumbre de colocar una rosa en la puerta de las habitaciones donde se trataban asuntos confidenciales. De este hábito deriva la expresión sub rosa, bajo la rosa, que significa guardar un secreto. En la tradición cristiana, la expresión sub rosa estaba asociada con el compromiso del sacerdote de guardar el secreto de confesión y por este motivo se tallaban rosas en los confesionarios. Con el transcurrir del tiempo, la rosa roja se convirtió en el símbolo de la sangre de los mártires cristianos y de la Virgen María.

Generalmente se ha usado la imagen de la flor ya abierta como símbolo del espíritu y su visualización es sumamente sugestiva y evocadora, además de ser una excelente imagen para colocar alrededor del aura o en los chacras, teniendo siempre presente si así la usamos, imaginarla con tallo, raíces y hojas. Si queremos que la rosa nos ayude a atraer y absorber energías espirituales y cósmicas que nos guíen y ayuden en nuestro proceso evolutivo, es mucho más eficaz usar el símbolo de manera dinámica, es decir, en vez de visualizar la rosa ya formada, visualizamos todo su proceso de desarrollo, desde el capullo aún cerrado y cubierto por las hojas que lo rodean y protegen, hasta visualizar la flor completamente abierta y extendida. De este modo, visualizando el paso de la rosa por todas sus fases de desarrollo, recordaremos simbólicamente que nosotr@s también somos seres en constante desarrollo, evolución y transformación, haciéndonos además conscientes del avance conseguido hasta el presente y del que aún nos queda por lograr.

El símbolo del desarrollo, del cambio y de la evolución constante, corresponde a una realidad profunda, a una ley fundamental de la vida, que se manifiesta tanto en los procesos de la naturaleza como en los del alma humana. Precisamente, uno de los siete Principios de Equilibrio Universal, la Ley de Vibración, nos indica que nada permanece quieto y estable sino que todo se mueve y se transforma continuamente.

MEDITACIÓN DE LA ROSA

Esta meditación de la rosa, una idea original de Roberto Assagioli, el creador de la Psicosíntesis,  podemos realizarlo tanto individualmente como en grupo. En el primer caso tenemos que memorizar las distintas fases para recordarlas con facilidad, o bien grabarlas para escucharlas cuando hagamos el ejercicio. En el segundo, quien guía la meditación, lentamente y con las pausas oportunas, lo desarrollará como figura en el párrafo siguiente. Unos minutos previos de relajación serán imprescindibles, tanto para soltar tensiones y preocupaciones,  como para colocarnos en el estado interno adecuado para llevar a cabo la mediación. Entre cada fase de desarrollo de la rosa habrá unos minutos de tiempo para traer la imagen a la mente, conservarla y visualizarla con la mayor claridad posible. Los pasos son éstos:

Imaginamos el capullo cerrado de una rosa… Visualizamos el tallo, las hojas y en lo alto del tallo, el capullo… El capullo es de color verde, porque los sépalos aún están cerrados y, como mucho, en la parte superior podemos llegar a ver tan sólo un pequeño punto rosa… Visualizamos ese capullo lo más vívidamente posible, manteniendo su imagen en el centro de la conciencia... Mientras lo observamos vamos viendo cómo, poco a poco, comienza a realizar un lento movimiento: los sépalos empiezan a separarse dirigiendo sus extremos hacia fuera, dejando así al descubierto los pétalos rosados, todavía cerrados... Los sépalos se separan cada vez más... y cada vez distinguimos mejor el capullo de pétalos de un tenue color rosa... Ahora, también los pétalos empiezan a extenderse..., el capullo sigue abriéndose lentamente... hasta que la rosa se revela en toda su belleza y nos quedamos durante unos instantes admirándola con alegría.

Una vez en este punto, comenzamos a percibir, inhalándolo, el aroma de la rosa... Ese perfume tan característico y conocido... tenue, dulzón y agradable... Lo olemos con profundo placer...El símbolo del perfume ha sido utilizado frecuentemente en el lenguaje religioso y místico (el olor de santidad) y también es frecuente el uso de perfumes en los ritos (incienso, aceites, flores...)

Después visualizamos toda la planta e imaginamos la fuerza vital que brota desde las raíces hasta la flor, produciendo este desarrollo... y permanecemos contemplando este milagro de la Naturaleza, un milagro del que nosotr@s también formamos parte.

Ahora nos identificamos con la rosa, o más exactamente, ponemos la rosa en nuestro interior más profundo y nos sentimos un@ con ella... Ahora somos, simbólicamente, una flor y más concretamente una rosa. La misma Vida que anima el Universo y que ha producido el milagro de la rosa, está produciendo en nosotr@s un milagro similar o incluso mayor: el desarrollo, la apertura, la irradiación de nuestro ser espiritual... y nosostr@s podemos cooperar conscientemente con nuestro florecimiento interior.

Namasté.
                                                                                   


Copyright © 2012 Mª Dolores Sánchez-Villacañas. Reservados todos los derechos

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