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Una de las divisiones fundamentales del Árbol de la Vida es el sistema de las tres columnas. Además de reconocer las dualidades como polos complementarios que establecen un circuito de fuerza, la Cabalá considera también que detrás de la dualidad, detrás de dos polos cualesquiera, siempre hay un tercer elemento que las sintetiza, como una propiedad emergente, o bien hay un elemento que las genera como fuente de un proceso dialéctico que, a su vez, se equilibrará en un nuevo tercer elemento, síntesis de dos nuevos polos. Las esferas o sefirot del Árbol de la Vida, siempre actúan en conjuntos de tres, aunque también las hay que forman pares complementarios polarizados entre sí, como las que se encuentran en las columnas laterales, formando un circuito de fuerza que genera energía. Pero dos esferas laterales siempre se equilibran mediante una tercera de la columna central, que engloba y sintetiza a ambas.
Las tres columnas del Árbol de la Vida y las esferas correspondientes a cada una de ellas, mirando el Árbol de frente, son éstas:
1. Columna de la derecha: Es el Pilar de la Misericordia, de la fuerza, de la energía de dar, el polo positivo, por lo que las tres esferas que lo forman son activas: Jojmá (Sabiduría), Jésed (Misericordia) y Nétsaj (Victoria). Las tres son energías relacionadas con el dar y el compartir y las tres ponen en movimiento, motivan y dan energía para trabajar en y alcanzar nuestras metas: materiales, emocionales, mentales, espirituales, etc.
2. Columna de la izquierda: Es el Pilar de la Severidad, de la disciplina, del rigor y de la Forma, entendida ésta como fuerza que ha sido organizada. Es la columna relacionada con la energía del recibir y las esferas que la forman son pasivas y negativas, no en el sentido en que habitualmente usamos estos términos, sino entendidas como esferas que captan y atraen una parte de la energía que nos rodea, actuando a modo de recipientes en los que ésta debe ser albergada y formada antes de poder entregarse al mundo. Dichas esferas son: Biná (Entendimiento), Guevurá (Fuerza) y Hod (Gloria).
3. Columna central: Es el Pilar del Equilibrio (Fuerza-
Las dos columnas laterales son funcionales, si bien la conciencia sólo asciende o desciende por el Pilar del Medio, a lo largo y ancho de todos sus grados y niveles. Un aforismo fundamental de la Cabalá dice: Todas las Sefirot son igualmente sagradas. Kéter no es mejor que Maljút porque ésta sea el plano material y aquella la Realidad Una. Ambas son igual de sagradas por una razón muy simple: las dos son arquetipos de lo divino y, como consecuencia, no tendría sentido que una fuera mejor o peor que la otra. Si así fuera, significaría que en Dios Madre y Padre hay diferencias, y que unas partes de la Divinidad serían más sagradas que otras, lo cual es absurdo y carece de sentido. La Cabalá, a diferencia de otros sistemas de desarrollo personal y crecimiento anímico, no rechaza nada, pues lo que pretende es mostrarnos y ofrecernos un mapa que nos permita transitar por el territorio de nuestra evolución, entendida ésta en el más amplio sentido de la palabra. En ese camino hacia lo más alto de nosotr@s mism@s, haremos bien en buscar, además, la compañía del equilibrio, de la justa proporción de cada uno de los factores que nos forman, porque ésta es la única manera de encontrarnos, posteriormente y fuera de nosotr@s, con una armonía semejante a la nuestra. Como es arriba, es abajo. Como es adentro es afuera. Lo que ocurre a nuestro alrededor es siempre un reflejo de lo que albergamos en nuestro interior y no a la inversa. Éste mensaje de equilibrio y armonía, primero internos y después externos, es el que nos muestra el esquema de los tres pilares del Árbol de la Vida.
El Árbol de la Vida presenta otras agrupaciones de esferas, además de las tres columnas. Son particularmente muy importantes las estructuras formadas por ternas o conjuntos de tres esferas, de las que hay siete internas y diez externas. Los triángulos externos están formados por dos esferas de uno de los pilares laterales y una tercera del pilar central, como por ejemplo: Jojmá-
Los triángulos internos están constituidos por una esfera del Pilar de la Fuerza, otra del Pilar de la Forma y una tercera del Pilar del Equilibrio, así que tienen estabilidad, precisamente porque son estructuras que combinan los tres ingredientes imprescindibles: fuerza, forma y equilibrio, siendo este último el ser o la conciencia. Consideradas en conjunto, definen un mapa jerarquizado de distintos niveles de realidad y de conciencia. Las tríadas internas son las siguientes:
1. KÉTER-
2. JOJMÁ-
3. JOJMÁ-
4. JÉSED-
6. NÉTSAJ-
7. NÉTSAJ-
Además, a cada tríada le corresponde uno de los centros psicofísicos o chacras del cuerpo etéreo:
1. DIOS SOLO CABEZA
2. DIOS HOMBRE FRENTE
3. DIOS EN HOMBRE GARGANTA
4. HOMBRE SOLO CORAZÓN
5. ANIMAL OMBLIGO
6. VEGETAL SACRO
7. MINERAL BASE DE LA COLUMNA
LOS CUATRO MUNDOS DE LA CABALÁ
El número cuatro es el principio de la manifestación. Platón decía que el tres es el número de la idea y el cuatro el de la realización material de esa idea. La Corona (Kéter) irradia constantemente Luz Infinita y la primera dualidad de Fuerza y Forma deviene en una nueva configuración dual: un interior y un exterior, una subjetividad y una objetividad, unificadas en principio en un estado todavía ideal de relativa inconsciencia recíproca de su diferencia, denominado Daát: Conocimiento. El fruto es posteriormente dividido en conocedor: sujeto, conocido: objeto y acto de conocimiento: la interacción entre sujeto y objeto. El proceso de división recibe en Cabalá el nombre de La Caída del Hombre, alegóricamente descrita en los capítulos dos y tres del Génesis.
El ser hombre/mujer, llamado sintéticamente Adam, es separado en dos mitades: el polo subjetivo es llamado de nuevo Adam y el objetivo Javá: Eva, de la que dice el Génesis que es la madre de todo ser viviente. Como consecuencia de la Caída se genera el Abismo, que separa la Mente Divina de sus contrapartes proyectadas a la Creación, es decir: el Abismo separa el pensamiento divino en sí de sus propios contenidos singularizados, mediante un proceso que tiene lugar en fases progresivas de diferenciación y diversificación crecientes. Cada uno de los cuatro polos anteriores es el arquetipo de un mundo de manifestación:
1. Mundo de Atsilut: Mundo de las emanaciones: Jojmá, intrínsecamente unido a Kéter, proyecta el mundo divino en donde encontramos el esquema de las diez esferas en su forma más exaltada, el modo en que la Divinidad decide conformarse, darse forma a sí misma para manifestarse. Es el mundo de los nombres de Dios, correspondiendo uno a cada esfera.
2. Mundo de Briá: Mundo de la Creación: Biná es el núcleo raíz de este mundo del ser, un plano de cualidades puras o abstractas, como las ideas platónicas, de la mente pura y del Trono. Es también llamado mundo espiritual y es el plano de los Arcángeles, correspondiendo también uno a cada esfera.
3. Mundo de Yetsirá: Mundo de la Formación: Tiféret, como centro de las seis esferas siguientes: Jésed, Guevurá, Tiféret, Nétsaj, Hod y Yesod, encarna el principio de la subjetividad y es el arquetipo de este tercer mundo, al que corresponden los Coros de Ángeles, también uno para cada esfera. En él, las cualidades de Briá (Mundo de la Creación) adquieren formas discernibles y la Mente Universal se distingue de sus contenidos en niveles cada vez más diferenciados y singularizados. Es también un mundo astral o psíquico, emocional y energético.
4. Mundo de Asiá: Mundo de la Acción: Maljút proyecta este mundo, el del plano físico de los fenómenos espaciotemporales, de la sustancia y de la materia/energía, incluyendo sus aspectos sutiles o etéreos. Es el mundo de los cuerpos, de la exteriorización de las cosas y de los procesos. En él, las influencias predominantes del Macrocosmos proceden de las esferas planetarias y de los influjos zodiacales, representantes de las esferas en el mundo de la acción, en el plano de la realidad material en que nos encontramos y realizamos cosas.
© María D. Sánchez-
