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La Persona Autorrealizada en la Infancia y en la Adolescencia (3)

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La Persona Autorrealizada en la Infancia y en la Adolescencia (3)

¿Es la autorrealización un asunto exclusivo de personas adultas o puede cultivarse también en la infancia y en la adolescencia? Si el ser humano es capaz de aprender prácticamente cualquier cosa: negativa o positiva, a la que dedique atención, tiempo, espacio, paciencia, perseverancia, interés..., ¿sería diferente respecto al pleno desarrollo de su potencial interno? ¿Cómo entonces,podemos estimular ese aprendizaje en l@s niñ@s, adolescentes y jóvenes que nos rodean, para que entren sin prisa pero sin pausa en el camino de su más alto potencial de realización?

Una idea primordial antes de comenzar el viaje: cada persona es una vida por vivir y desarrollar; significativa, valiosa, necesaria;con sentido en y por sí misma; con unas características únicas e irrepetibles y a la vez semejantes a las de otras; con unas tareas que debe realizar y unas misiones que debe cumplir, por su bien, por el bien ajeno y por el bien de la Vida en todas partes, puesto que nadie está dentro de una burbuja suspendida en el espacio, tod@s estamos en el suelo, nos relacionamos con todo cuanto existe: visible e invisible, formamos parte de un contexto más amplio en el que cada vida es, ni menos ni más, que una gota de agua en el inmenso océano de la Existencia. Ser consciente de la individualidad de cada persona a cualquier edad, darle importancia, cuidarla, respetarla y amarla, es poner la primera piedra para construir el templo de la colectividad, porque para estar en condiciones de sembrar buenas semillas: sanas, enriquecedoras y constructoras de vida, debemos conocer, apreciar, cuidar y cultivar nuestro huerto interno, primero con la guía de nuestros padres, maestr@s y demás adult@s con quienes nos relacionamos, posteriormente, a medida que vamos creciendo y madurando, con nuestro trabajo, nuestro compromiso y nuestra dedicación.


La Persona Autorrealizada en la Infancia y en la Adolescencia (3)

Una vez que asimilemos y practiquemos esta idea básica, podremos favorecer la autorrealización en la infancia y la adolescencia con
conductas concretas, algunas de las cuales coincidirán con las propias de la educación:una de las necesidades básicas a cubrir antes de aspirar a la satisfacción de necesidades y metas superiores. Cada alternativa debe, como es lógico, adaptarse a la edad, a la
disposición y a las posibilidades de cada persona, características que influirán ineludiblemente en su aprendizaje y evolución:


1. Centrarnos en la persona real y no en una expectativa.

2. Transmitir seguridad, estructura y límites razonables.

3. Acompañar y guiar, sin exceso de protección ni haciendo por el/la niñ@ o
adolescente lo que sabe y puede hacer por sí mism@.

4. Inculcar valores humanos, éticos, emocionales y espirituales.

5. Aprender y enseñar habilidades para conocer y manejar la tensión, la frustración, la
ira, la ansiedad, el malestar, la tristeza…

6. Cultivar relaciones asertivas, sanas, fructíferas y enriquecedoras. Las principales
características de este tipo de relaciones son las siguientes:

6.1. Autenticidad y espontaneidad: Ser quien soy en cada momento. Coherencia:
correspondencia entre vivencia, conciencia y comunicación o lo que es lo mismo:
entre pensamientos, sentimientos, palabras y actos.

6.2. Apertura, flexibilidad, amplitud de miras y de perspectiva.

6.3. Comprensión empática: afectiva, cognitiva, verbal y de conducta.

6.4. Aceptación positiva e incondicional de la persona como tal, con independencia
de su conducta y de su actitud, sin que esto suponga consentir cualquier manera de
actuar.

6.5. Estar presente, estar disponible: estar en, estar para, estar con.

6.6. Expresión abierta de sentimientos y emociones, basada en una escucha
auténtica: sin juicios de valor, evaluaciones, aprobaciones o desaprobaciones.

6.7. Ausencia de prejuicios, etiquetas y críticas destructivas. Describir y hacer
sugerencias constructivas sobre lo que se deba cambiar o mejorar.

6.8. Respeto por las diferencias individuales, sin olvidar las necesidades y
posibilidades del grupo. Mi libertad y mis derechos acaban donde empiezan los de
mi prójimo y a la inversa.

7. Exposición a la tensión, la frustración, los errores, las dificultades... Son partes
ineludibles de la vida que debemos aceptar, controlar y resolver. Empeñarnos en
evitar las incomodidades, las engrandece y las extiende, haciendo del/de la niñ@ o
adolescente una persona débil, poco preparada y con pocos recursos para la vida.

8. Enseñar a pensar, experimentar, probar, cambiar el pensamiento y el punto de
vista, prever las consecuencias negativas y positivas de los propios actos y la
influencia que podrían causar en otras personas.

9. Desarrollar la intuición, la creatividad y la percepción más allá de los órganos de los
sentidos.

10. Desarrollar la motivación intrínseca y esencial, en vez de la circunstancial y
extrínseca.


11. Transmitir cotidianamente el amor por la vida, es decir: darles leche con miel,
porque la letra entra y se queda cuando va acompañada de cariño, de risa y de juego.
El dolor y el miedo, programados como estrategias de enseñanza, no son ni serán
nunca un buen método para formar personas libres, pacíficas, amorosas y realizadas.

12. Adquirir y desarrollar, hasta el límite de lo posible, el control interno en vez del
externo: conocer, apropiarse y hacerse responsable de los propios pensamientos,
sentimientos, palabras, actos y de su expresión en todos los ámbitos.

13. Lograr autonomía e independencia, sin caer en el separatismo ni en el aislamiento.

14. Proyectar y elaborar metas realistas y acordes con la propia capacidad, motivación,
disposición..., acercándose a ellas paulatinamente, según su complejidad, las
posibilidades, los recursos disponibles en cada momento, la situación...

15. Eliminar las expectativas ajenas de qué y cómo tiene que ser y hacer una persona.
Promover la fe, la confianza y la seguridad en el propio desarrollo y, como
consecuencia, en la modificación de las partes oscuras de la personalidad, para
trabajar en el logro de las claras en todos los ámbitos.

16. Centrarse cotidianamente en pensamientos, sentimientos, palabras y actos que
desplacen la competitividad y atraigan la colaboración y el respeto mutuo.

17. Acercarse a los conflictos y a los problemas mediante el diálogo, cambiando el
pensamiento, las emociones y los actos para resolverlos.

18. Promover el desarrollo ético y moral, para pasar de la inmadurez moral: actuar de
una determinada forma para evitar un castigo o recibir una recompensa, a una moral
más avanzada y madura: actuar basándose en un altruismo sincero y autoinducido,
directamente relacionado con un pleno y profundo sentimiento de responsabilidad y
compromiso con un@ mism@, con l@s demás y con la vida en su conjunto.

19. Desarrollar el amor incondicional, el poder interno, la confianza y la seguridad
presentes en nuestro ser esencial por derecho de nacimiento.

Como síntesis de lo tratado en éste y en los otros dos

artículos relacionados con la autorrealización, disponibles en esta web, quiero destacar

en el núcleo de la autorrealización, tres requisitos imprescindibles:

1. Emergencia, aceptación y manifestación del ser esencial que cada persona es, es
decir: la expresión y desarrollo de nuestras capacidades, habilidades y
potencialidades latentes, de manera constante y plena, disponiendo en todo
momento y lugar de nuestra esencia humana y personal.

2. Ausencia de enfermedad, carencia, pérdida o disminución de esas capacidades
humanas y personales básicas.

3. Cultivar valores del ser, valores intrínsecos: sentido de conjunto y de totalidad,
belleza, bondad, verdad, flujo, alegría, autosuficiencia, colaboración, altruismo...


Namasté y ¡Shamballa on!

Copyright © 2011 Mª Dolores Sánchez-Villacañas. Reservados todos los derechos

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