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La Persona Autorrealizada (2)

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La Persona Autorrealizada (2)

La realización personal es una necesidad superior que surge en l@s seres human@s, una vez satisfechas sus necesidades más básicas: biológicas, de seguridad y protección, de amor e identificación y de autoestima. Una vez que alcanzamos ese quinto escalón, estamos en unas excelentes condiciones para buscar y encontrar sentido y significado a cuanto hacemos y nos ocurre, así como a
desprendernos de nosotr@s mism@s y trascender hacia algo más elevado e integrador: el sentimiento de unidad con todo cuanto existe y nos rodea.

La autorrealización, el sentido, el significado y la trascendencia son cualidades de las personas sanas, ya que buscar y encontrar quién

somos nos ayuda a construir y andar nuestro camino vital, a guiarnos y conducirnos a través de él, con todas las desviaciones y paradas que al atravesarlo debamos realizar, siendo requisitos imprescindibles desbrozarlo, limpiarlo y purificarlo de todo cuanto nos

impida crecer y avanzar por lo que, a medida que lo logramos, nos vamos sanando emocional y espiritualmente, contribuyendo así en muchas ocasiones a la curación de las dolencias físicas, psíquicas o relacionales que podamos padecer.


La Persona Autorrealizada (2)

Algunas otras características que podemos encontrar en las personas sanas y autorrealizadoras son las siguientes:

1. Percepción de la realidad más completa y elevada
2. Mayor conocimiento, comprensión y aceptación de sí, de l@s demás y de la naturaleza en todas sus facetas
3. Mayor espontaneidad en las situaciones, relaciones y acontecimientos
4. Capacidad para percibir y enfocar los problemas y
los imprevistos más elevada y certera
5. Gran independencia y deseo de intimidad, sin caer en el aislamiento ni en el desinterés por sus semejantes
6. Autonomía y resistencia elevadas frente al adoctrinamiento y a los intentos de manipulación externa
7. Evaluación emocional más clara y fresca, que
origina a su vez una mayor riqueza de respuestas emocionales
8. Frecuencia mayor de experiencias de orden superior
9. Mayor identificación con todos los seres vivos y especialmente con la especie humana
10. Relaciones más abiertas, cálidas, amorosas y fructíferas
11. Temperamento, carácter y personalidad más
flexibles, tolerantes, comprensivos, compasivos y democráticos
12. Mayor y mejor imaginación, inventiva y creatividad
13. Cambios importantes en la propia escala de valores

Hasta hace relativamente pocos años, las ciencias dedicadas a la recuperación  de la salud, incluida la psicología, se han dedicado más a investigar las enfermedades y a buscar remedios para curarlas o, cuando esto no es posible, paliar en cierto grado el sufrimiento que producen. Como consecuencia lógica, se ha estudiado  a las personas que ya estaban enfermas, prestando por lo general escasa
atención a los mecanismos y las costumbres que favorecen la salud a lo largo de los años. Felizmente, cada vez se está haciendo más hincapié  en averiguar qué mantiene a las personas sanas, al menos en los aspectos físicos, siempre más fáciles de conocer y
trabajar.

Del mismo modo, cada vez más personas no se conforman con que su cuerpo esté fuerte y sano, con tener un techo bajo el que vivir,
con amar y sentirse amadas ni con gozar de una autoestima fuerte y sana, sino que quieren también conocer y centrarse en su verdadero ser para ir más allá de lo material y sentirse más satisfechas consigo mismas, con sus actos y con su vida.  Habitualmente, y debido a que cubrir las necesidades primordiales requiere tiempo, el interés, la motivación y el trabajo encaminado a la autorrealización, suelen plantearse a partir de una cierta edad y cuando la persona ya ha adquirido una  cierta madurez y consolidación en su vida. Sin embargo, conocer, profundizar y desarrollar la esencia personal que tod@s sin excepción llevamos dentro, debiera ser en mi opinión una meta propia de todo tipo de personas y debiera enseñarse  y aprenderse a una edad temprana, de manera que se convirtiera en una guía de la propia vida y en una ayuda para lograr satisfacer más plenamente las necesidades inferiores, entendiendo como tales las que están en los primeros peldaños de  la escalera que nos lleva de vuelta al cielo, del que un día partimos para realizar nuestra vida humana en el suelo, aprender y evolucionar, dando y recibiendo amor.

Cambiar el planteamiento y promover la salud, en vez de centrarse sólo en resolver problemas y curar enfermedades, supondría atender más al desarrollo, considerarlo como un estímulo y un elemento motivador mayor que los necesarios para solucionar  las carencias y las deficiencias, cultivando extensamente para lograrlo cuantas herramientas posea la persona: talentos, cualidades, habilidades y potencialidades innatas, además de aprender y ejercitar otras nuevas. Psíquica, emocional y espiritualmente,  la actitud de una persona motivada sólo o en gran parte por la satisfacción de sus necesidades y carencias, es muy distinta de la disposición de
quien se mueve y actúa buscando la autorrealización. La primera pretende conseguir lo que cree que le falta, como si de una parte de sí misma se tratara. La segunda aprecia lo que tiene y trabaja para mejorarlo y extenderlo, se considera una  persona completa,
llena de posibilidades y recursos que puede emplear para lograr sus metas o, simplemente, como fuente de progreso interno. Su motivación es de orden superior y dirigida por la evolución en lugar de por la carencia. Como consecuencia, el deseo y  la necesidad de progreso van aumentando a medida que crece el desarrollo, convirtiéndose éste en un excitante y gratificante proceso que circula por todas las facetas de la vida y se mueve con fluidez a todo lo largo y ancho de la espiral existencial,  bajando a la tierra
y cavando cada vez más profundo en ella y subiendo al cielo para aproximarse a la estrella más lejana, según lo que sea necesario y posible en cada situación.

La búsqueda de desarrollo y de realización personal convierte a la persona en su propia motivación intrínseca, es decir: aquella que busca y se mueve por la obra bien hecha y la alegría que produce haberla realizado, con independencia de  los frutos y los resultados que de ella se puedan derivar y que no siempre son acordes con una buena realización, al estar la vida de cada persona rodeada
por tantas situaciones que no está en sus manos controlar. Un resultado siempre es cierto y seguro: la obra en sí misma, el trabajo realizado, el aprendizaje, la maduración, la evolución y la sabiduría obtenidos por el camino, además  de la tranquilidad y la
satisfacción emocional y espiritual profundamente sentidas, frutos que para siempre quedarán depositados en el propio granero y también, puesto que todo está unido, en el Granero Universal.

Una agradable y emocionante sorpresa nos encontraremos a medida que logremos avanzar por el sendero de la prosperidad y el
éxito personal: disfrutaremos más plenamente de la vida en todos sus aspectos y momentos, sean del color que sean, los consideraremos como oportunidades para cambiar, nos atreveremos a jugar con ellos como si fueran nuestros mejores amigos y
aliados, estaremos menos pendientes del inestable y efímero éxito externo, así como de esperar que ocurran acontecimientos extraordinarios que nos lleven a sentir que nuestra persona y nuestra vida merecen la pena. La vida misma de cada cual,  con sus luces y sus sombras, sus alegrías y sus pesares, sus aciertos y sus errores, es el mayor milagro al
que podemos aspirar.

Namasté y ¡Shamballa on!

Copyright © 2011 Mª Dolores Sánchez-Villacañas. Reservados todos los derechos


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