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Inteligencia Emocional, Salud y Bienestar (2)

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Inteligencia Emocional, Salud y Bienestar (2)

En el artículo anterior a éste hice una breve introducción teórica en el ámbito de la inteligencia emocional, planteando también su importancia e influencia, tanto para mal como para bien, en la salud, el bienestar y la vida en general.  En éste voy a definir un poco más las emociones y los sentimientos, detallando asimismo las características de algunos de ellos.

  Indico de nuevo que las emociones son tendencias a ir hacia algo que intuitivamente se aprecia como apetecible, bueno o beneficioso, o bien a alejarse de algo que se intuye como malo, perjudicial o peligroso.  Tanto la atracción como la aversión van acompañadas de cambios fisiológicos, que precisamente preparan al organismo en su conjunto para acercarse o alejarse de la fuente que da lugar a una u otra.  La emoción es una señal respecto a lo que está ocurriendo y, basándonos en ella, actuamos de una u otra forma.  Es importante para ejercitar la razón, ya que guía las decisiones trabajando al lado de la mente intelectual y haciendo posible el pensamiento.  La emoción es una reacción automática, un esquema aprendido a lo largo de la evolución, tanto colectiva como individual y nos predispone ante las diversas situaciones que afrontamos, tanto conocidas como desconocidas, cotidianas y excepcionales, repercutiendo de forma transitoria pero brusca en lo fisiológico y en lo psíquico.  Que sean automáticas  y aprendidas no significa, como ya señalé en el artículo anterior, que debamos dejarnos llevar por ellas y expresarlas sin control alguno por nuestra parte.

  Las emociones también son sentimientos y, como tales, revelan lo que sentimos hacia alguien o hacia algo. Es muy difícil dilucidar dónde empiezan y acaban las emociones y los sentimientos, puesto que tienen muchos aspectos en común, aunque sí podemos guiarnos por algunas pistas que los diferencian. Generalmente, se usa el término emoción para referirse a los sentimientos de cierta intensidad y brusquedad, que surgen y cesan rápidamente, si bien suelen tardar más en desaparecer, sobre todo cuando la situación está muy cargada emocionalmente para la persona que la siente.  En la emoción se nota tanto la experiencia en sí, con su parte mental, cognitiva y psíquica, como las alteraciones que se dan en el organismo a partir de ella: la parte física, que también es una experiencia. Ambas vivencias forman un todo inseparable e interdependiente afectando, para mal o para bien, a quien se emociona.  Las situaciones ante las que nos podemos emocionar son infinitas y, salvo cuando son realmente graves y dramáticas, la emoción tiene mucho que ver con la forma en que percibimos e interpretamos un acontecimiento, así como con los recursos y la confianza que tengamos para poderlo afrontar.  

  A diferencia de las emociones, los sentimientos son estados caracterizados por el afecto que una persona siente hacia otra, hacia un animal, una cosa, un recuerdo, una situación concreta, una cualidad... También constan de una parte psíquica y otra física, aunque de menor intensidad que en la emoción y son experimentados como algo que ocurre en lo estrictamente personal,  y más concretamente en lo anímico.  Los sentimientos son más duraderos que las emociones, llegan más despacio y también tardan más en desaparecer.  Son también esquemas mentales para quien los experimenta, relacionados con el significado y la connotación que para cada persona tienen tanto el sentimiento en sí como la situación que lo origina.  Precisamente por esto son personales e intransferibles y sólo quien los siente puede y debe identificarlos, reconocerlos, averiguar qué siente exactamente, describirlos y darles un nombre, manifestándolos después de una forma saludable, respetuosa y armónica, tanto para sí como l@s demás.  


Tipos de emociones y sentimientos

  Hay varias clasificaciones que describen y definen distintos tipos de emociones y de sentimientos. Por considerarla muy útil para aprender a usar adecuada y saludablemente nuestra parte emocional, tenga más o menos intensidad, me voy a referir a la propuesta por Greenberg, quien divide las emociones en: primarias, secundarias, instrumentales, complejas, relacionadas con lo interno y relacionadas con lo externo.  Cada una de ellas puede, además, ser saludable y adaptativa o no.

  Una emoción primaria es una respuesta inmediata a una situación concreta y presente, un sentimiento visceral.  Las emociones primarias saludables son emociones básicas, los primeros sentimientos ante una situación o persona: enfado, tristeza, vergüenza, miedo, alegría... Las emociones primarias no saludables emergen cuando el sistema emocional no trabaja adecuadamente. Son sentimientos también básicos y verdaderos pero suelen acarrear problemas porque, además de malestar, provocan bloqueo emocional y desorganización.

  Una emoción secundaria es una emoción reactiva o defensiva que ensombrece u oculta un sentimiento primario. Es un tipo de emoción que responde a un sentimiento o pensamiento primario y ocultan lo que se está sintiendo realmente.  Por ejemplo, la tristeza puede encubrir enfado, celos, ira o cualquier otra emoción, pudiéndose dar también lo inverso. Esto está muy relacionado con la cultura y la sociedad en que se ha crecido y se vive, que va  encauzando los sentimientos y las emociones hacia lo que generalmente se considera aceptable sentir y expresar, en vez de promover los sentimientos originales y genuinos que, guste o no, son los que realmente existen y siguen existiendo a pesar de que se nieguen o se disfracen.

  Las emociones y los sentimientos instrumentales son una forma de buscar que otras personas respondan de un modo determinado y acorde con lo que  la persona que los expresa desea o espera. Es decir, son emociones y sentimientos que han resultado útiles para la persona, que le aportan beneficios y que, por tanto,  ha aprendido a manifestar para lograr sus propósitos.  Con frecuencia son tan antiguos y tan automáticos que la propia persona no es consciente de lo que hace con ellos.  Si no hay otros sentimientos alternativos y las emociones instrumentales ayudan a la persona a realizar sus deseos, sean cuales sean y aunque causen perjuicios ajenos, pueden convertirse en un estilo emocional de su personalidad, por ejemplo: ser dominante, tendencia a la histeria, timidez, llanto y, si esto ocurre, no se abandonarán.

  Las emociones complejas son una combinación de emoción, pensamiento y valoración sobre ellas.  Contienen gran cantidad de información, proporcionando una sensación bastante global y completa de un@ y del mundo. Son emociones de este tipo: el amor, el orgullo, la culpa, el bochorno, la envidia y el éxtasis.

  Algunas emociones se relacionan con acontecimientos externos y son una respuesta a ellos, proporcionando datos sobre lo que nos rodea, de acuerdo con nuestro bienestar.  Son guías que nos avisan ante un peligro como por ejemplo: miedo a pasar por un lugar solitario y poco iluminado o ante un animal que nos pueda agredir; enfado por un trato abusivo o injusto... Son, por tanto, respuestas ante algo real y presente.

  Las emociones relacionadas con lo interno surgen con la perspectiva que cada persona tiene de sí, se refieren a las ideas, definiciones y creencias respecto a un@ mism@ e influyen en la forma en que afrontamos tanto lo que vivimos como nuestros sentimientos hacia ello.  No son respuestas ante acontecimientos presentes y reales, sino que se relacionan más con el pasado y con el futuro.  Respecto al primero se basan en el recuerdo de aspectos y asuntos vividos, con relación al segundo en la anticipación de los que están por llegar.

  En un artículo próximo me centraré en el  trabajo práctico con las emociones y los sentimientos.  Hasta entonces, os deseo amor, paz, alegría y felicidad.


Copyright © 2010 Mª Dolores Sánchez-Villacañas. Reservados todos los derechos
 

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