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Durante muchos años el mundo afectivo: uno de nuestros centros vitales más importantes, estuvo arrinconado y relegado, en gran parte por el desarrollo desmesurado del intelecto, del pensamiento y de la razón. A partir de 1995 y tras la publicación del trabajo de Goleman: Inteligencia Emocional, no sólo esta expresión empezó a hacerse popular, sino que también hubo un nuevo acercamiento, sobre todo de la psicología, a los sentimientos y a las emociones, de los que jamás debió apartarse para ser considerada científica.
Una persona completa, redonda y entera, es decir: una auténtica persona, es aquella en la que se da una equilibrada integración de todos y cada uno de sus centros vitales: corporal, intelectual, emocional, social y espiritual. Integración que debe partir del conocimiento, entendimiento y desarrollo de esas áreas, tanto para convertirnos en esa genuina persona, que en realidad ya somos, como para construir relaciones sanas y fructíferas, puesto que no vivimos en una isla deshabitada y desierta sino en la península del trato y del contacto personal. Lograr ese equilibrio y esa conversión para nosostr@s mism@s y para quienes nos rodean, dota a la vida particular y colectiva de mayor sentido y significado, nos embellece y embellece el mundo, deposita buenas simientes en el granero universal que, cuando llega el momento oportuno, florecen y dan fruto por doquier. Estoy profundamente convencida de que nuestra parte afectiva es la que más contribuye a ello, porque quien elige el camino del corazón no se equivoca nunca.
Etimológicamente, la palabra emoción deriva del verbo latino: movere, que significa moverse y del prefijo: e, que significa hacia. En su sentido más literal, la emoción es una agitación o perturbación del ánimo, como un sentimiento visceral, como un estado de ánimo agitado, hacia el placer o hacia el displacer. La emoción no sólo se refiere a lo que sentimos en una situación determinada y en respuesta a una demanda interna o externa, sino que incluye también pensamientos, reacciones físicas, un estado psicológico determinado y una tendencia a la acción, que bien puede ser de acercamiento o de alejamiento, según percibamos la situación como agradable y beneficiosa o como un peligro. El sentimiento es un estado caracterizado por el afecto sentido hacia una persona, animal, cosa, recuerdo o situación en general. Tiene, además de esta parte sentimental, sensitiva, una parte física y otra psíquica, aunque de menor intensidad que en la emoción y suele experimentarse como algo que ocurre en lo estrictamente personal, más concretamente en lo anímico. El sentimiento es menos brusco y llamativo que la emoción pero más duradero, llega más despacio que ella, se va haciendo y consolidando durante más tiempo y también tarda más en irse

Negar y reprimir las emociones y los sentimientos es tan perjudicial como dejarnos arrastrar por ellos y expresarlos en todo momento, de cualquier manera y sin pensar en las consecuencias que pueda ocasionar, tanto para un@ mism@ como para l@s demás. Sentimos y nos emocionamos porque somos seres sensibles, así que es absurdo e insano pretender negar los afectos. Pero tampoco es bueno expresarlos impulsivamente. Lo realmente sano y sensato es prestarles atención una vez se presentan, averiguar de dónde salen, por qué y para qué llegan, qué mensaje tienen para un@ en el momento y en la situación en que surgen, entenderlos y expresarlos de una forma inteligente, o lo que es igual: sin reprimirlos, negarlos o intentar controlarlos al máximo ni tampoco dejarse llevar por ellos con el argumento de que son propios y legítimos. Mi libertad de expresión de algo que yo piense o sienta siempre acaba donde empieza la libertad de mi prójimo, que no tiene por qué recibir lo que yo tenga necesidad de expresar, por muy legítimo y genuino que sea, menos aún si puede perjudicarle o agredirle de alguna manera, aunque no haya agresión física alguna.
Cuando trabajo con los sentimientos y las emociones en la psicoterapia, parto siempre de una idea básica que reduce mucho la angustia y la preocupación de quienes buscan mi ayuda: las emociones y los sentimientos en sí mismos no son malos ni buenos, son lo que son y, por tanto, respecto a lo que una persona siente no cabe juicio alguno; debemos reconocerlos, aceptarlos y acogerlos, sean cuales sean, sin juzgarlos y mucho menos condenarlos. Estos pasos son imprescindibles para analizarlos, entenderlos, explicarlos y ver qué hace cada cual con ellos, ya que la maldad o la bondad, el perjuicio o el beneficio que de un sentimiento o de una emoción se pueda derivar, tanto para sí como para l@s demás estará en lo que un@ piense, diga y, sobre todo, haga a partir de ellos. De manera que la clave no está ni debe estar en los afectos, más o menos intensos y duraderos, sino en lo mal o bien que la persona, como ser libre e inteligente que es y debe ser, los expresa y los usa, siendo por tanto la única responsable de reprimir, de dejarse arrastrar por lo que siente o de expresarlo de forma adecuada, no sólo para sentirse bien, estar a gusto consigo misma y relacionarse mejor con sus semejantes, sino también para lograr objetivos de cualquier otra índole en los que el conocimiento, el entendimiento y el aprendizaje emocional son una inestimable ayuda y guía para el razonamiento, el intelecto y la vida.
Conocer, entender y expresar adecuadamente los afectos, no sólo favorece la salud psíquica, emocional, espiritual y de las relaciones, también es una eficaz herramienta para prevenir enfermedades, contribuyendo considerablemente en la curación de las que puedan surgir y, cuando esto no sea posible, siempre es una ayuda para conservar una actitud positiva, transformarnos internamente, humanizarnos, comprender mejor el dolor ajeno y madurar.
Otros beneficios de cultivar y expresar la inteligencia emocional son:
1. Conocer y entender profundamente a l@s demás.
2. Fortalecimiento de la autoestima y de la motivación intrínseca.
3. Potenciación de los sentimientos más positivos y hermosos: amor, alegría, buen humor, felicidad, entrega, empatía, comprensión...
4. Reducción de los sentimientos menos atractivos: ira, enfado, odio, celos, deseo de venganza...
5. Disminución del estrés, en general y en las relaciones, incluso en momentos de mucha tensión y de dificultades
6. Fortalecimiento de una actitud optimista, positiva y realista ante un@ mism@, l@s demás y el mundo
7. Más y mejor flujo en todas las situaciones
8. Prevención de conflictos y problemas. Mejor disposición y efectividad para resolver los que inevitablemente surjan
9. Trascender, desprendernos y olvidarnose de nosostr@s mism@s para atender a quien lo necesite
10. Mayor y mejor conexión con la Naturaleza y el Universo
Ninguno de los efectos positivos que lleva consigo cultivar y desarrollar la Inteligencia Emocional se logrará únicamente leyendo o hablando sobre ella. La única forma de conseguirlos es trabajando por ellos con energía, valentía, disciplina, asiduidad, paciencia, confianza, dedicación y perseverancia. Mi corazón os desea la permanente compañía de todas y cada una de ellas. Que así sea.
Copyright © 2010 Mª Dolores Sánchez-