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Educar Hoy: Aprender a Enseñar (2)

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Educar Hoy: Aprender a Enseñar (2)

En un artículo anterior, disponible en esta  web y primero de los dedicados a la educación de l@s menores, me referí a la importancia que siempre ha tenido, tiene y tendrá este asunto, a las dificultades presentes en ella, así como a la influencia y relevancia que en esta labor tienen el compromiso, la responsabilidad, la implicación, el trabajo y el aprendizaje de l@s adult@s: padres, madres, maestr@s..., por ser quienes transmitimos y guiamos la formación de l@s niñ@s y adolescentes que están a nuestro cargo y bajo nuestra tutela, hasta que puedan formarse por sí sol@s.    

     En este artículo voy a centrarme en los tres pilares básicos de una educación adecuada y sana, imprescindibles para una convivencia pacífica, libre y responsable. Aprender a trabajarlos contribuirá a disminuir al mínimo posible el esfuerzo, la tensión, el gasto de energía y el coste emocional de todas las partes interesadas:


1.   Aceptación positiva,  respeto, aprecio y afecto incondicional de la persona en cuanto tal, con independencia de su conducta, de sus ideas, de su físico, de sus logros...

2.   Atención continuada de las necesidades: físicas, mentales, emocionales, de relación y espirituales, no de sus caprichos.

3.   Enseñanza de los límites, de las normas y de la responsabilidad.


  Veamos un poco más detalladamente estos pilares básicos.


Aceptación y afecto incondicional. Todas las personas, por el mero hecho de serlo y de existir merecemos amor, respeto y  aceptación sin condiciones. Somos importantes y valiosas en sí y por sí; somos un manifestación del Amor Universal y estamos aquí porque así lo ha querido la Vida.


  El valor personal es intrínseco al ser y a la vida que cada cual es y debe estar separado de sus realizaciones, logros, conocimientos, éxitos, fracasos, etc. En la medida en la que un/a niñ@ o adolescente se sienta valorad@, respetad@, aceptad@ y querid@ por l@s adult@s con quienes se relaciona, especialmente sus padres y otras personas significativas,  podrá aprender a valorarse, respetarse, aceptarse y quererse, aprenderá a cultivar una sana estima de sí, requisito imprescindible para sentirse bien siendo quien es, lo que le motivará a aprender y a desarrollarse todo lo que pueda, cambiando lo que sea necesario y alimentando el resto.


  La capacidad para valorar, fortalecer, dar seguridad psicológica, nutrir emocionalmente y afirmar a l@s niñ@s y adolescentes a nuestro cargo sólo puede manar de una fuente: el cultivo de nuestra propia estima: valorarnos, respetarnos, sentirnos segur@s, afirmarnos, aceptarnos y querernos, cualidades que nos permitirán ver el mundo de otra manera, aprender cosas nuevas y cambiar. Nadie puede dar lo que no tiene y para compartir debemos primero adquirir aquello de lo que se trate, siendo a l@s mayores a quienes nos corresponde empezar y servir de ejemplo para que l@s menores puedan continuar la labor y extenderla, consigo mism@s y con quienes les rodean.


  Al transmitir estos mensajes de valía y de aprecio, es esencial ser muy consciente de que las palabras importan menos que los gestos, el tono de voz, la postura del cuerpo, la expresión facial... y los juicios que las acompañan, ya que el lenguaje no verbal habla siempre mucho más claro y alto que el verbal y, en caso de divergencia, es el que se recibe, se escucha y se tiene en cuenta, quedando las palabras en un segundo plano.


Educar Hoy: Aprender a Enseñar (2)

Atención continuada de las necesidades. Son verdaderas necesidades el alimento, la vivienda, la escolaridad, la salud: física, psíquica, emocional y espiritual, la seguridad y la protección, el esparcimiento y el descanso, principalmente. Si todas estas necesidades están cubiertas, además de ser buenos ingredientes para la autoestima de l@s niñ@s y adolescentes, son buenos antídotos para los caprichos.

  La atención psicológica y emocional tiene que ver con la capacidad para proporcionar a l@s menores verdaderos encuentros: aquellos en los que l@s adult@s les damos presencia y atención plenas y concentradas;  autenticidad y honestidad; escucha; comprensión; seguridad; confianza; valor y aprecio sin juicios; empatía y respeto por sus sentimientos, necesidades, deseos, opiniones...; guía y ayuda para crecer y desarrollarse sin caer en la sobreprotección.  Es decir, encuentros en los que lo verdaderamente importante sea la persona, su estado y sus necesidades en ese momento concreto,  dejando a un lado otras cuestiones o tareas, que se abordarán después. Se trata de atender a la persona en cuanto tal, con apertura y profundidad, enriquecerla y contribuir a que se sienta bien, dejando a un lado todo lo demás. Una vez se ha logrado esto, puede aprovecharse la oportunidad del encuentro para tratar algún asunto que necesite corregirse, sin juicios ni reproches, dejando bien claro que el interés y el aprecio por la persona está por encima de sus actos que, no obstante, deberán modificarse cuando sean inadecuados.  


Enseñanza de los límites. Los límites, las normas y la responsabilidad ayudan a formarse y desarrollarse como personas, algo que va mucho más lejos que la mera instrucción y adquisición de conocimientos. Aprenderlos en sus diferentes formas es esencial, entre otras cosas, para saber demorar la satisfacción de los deseos y las apetencias. No podemos tenerlo todo y menos aún en el preciso momento en que lo queremos, de manera que ser capaces de adquirir y cumplir unas ciertas reglas es una preparación para afrontar, tolerar y superar la frustración, que antes o después y en mayor o menor grado, todas las personas encontramos a lo largo de nuestro camino. La propia libertad siempre acaba donde empieza la libertad ajena y lo mismo ocurre a la inversa. Nadie puede hacer todo lo que se le antoje y todo no está permitido, porque todo no es bueno ni admisible. De manera que establecer cuantos límites y normas sean necesarios para la buena marcha de las personas y de las relaciones es sano, útil y necesario para tod@s, y más que una restricción es una oportunidad, una puerta abierta a la creatividad, al permitir el intercambio de ideas, la negociación, la comprensión, la empatía, el enriquecimiento mutuo, la flexibilidad… claros favorecedores de la armonía, la paz, la satisfacción y la felicidad.  


  Algunos requisitos básicos que l@s adult@s debemos cultivar para fijar y transmitir límites justos y razonables son: confianza, seguridad, firmeza, convicción, coherencia, realismo, perseverancia, claridad, saber separar las propias necesidades y carencias de las infantiles y adolescentes, vivir en el momento concreto y real en vez de estar pendientes del pasado y del futuro, expectativa de que tod@s, a cualquier edad, somos capaces de aprender y de seguir normas, sólo hay que adaptarlas a las personas y a las situaciones concretas.  


  Los límites firmes y proporcionados, aportan a quienes los reciben los siguientes beneficios: sensación de seguridad y de autoconfianza, fortalecimiento, tolerancia a la frustración, respeto, autoestima sana y positiva, ausencia de prejuicios, asertividad, responsabilidad, autonomía, libertad, independencia, desarrollo de los propios recursos para afrontar las dificultades, paciencia, capacidad para demorar las gratificaciones, flexibilidad, comprensión, tenacidad, optimismo, resistencia a la presión externa para aceptar y hacer cosas no deseadas, capacidad para conectar consigo y plantearse qué quiere y qué no, desarrollar mecanismos de defensa sanos ante amenazas, imposiciones, extorsiones, intentos de manipulación…, capacidad para soportar las carencias, el vacío, la ausencia de algo o de alguien; desapego de lo material; desarrollo de la imaginación y la creatividad; autocontrol; capacidad para aceptar y soportar la aflicción, la decepción, la soledad; desarrollo de la propia individualidad; capacidad para separar y diferenciar lo propio y lo ajeno en cuanto a pensamientos, sentimientos, actos, necesidades, etc. Mirando a nuestro alrededor observaremos que es muy difícil, si no imposible, encontrar alguna de estas cualidades en personas a las que se les haya permitido crecer sin límites ni normas.


  En un tercero y último artículo de esta serie, me centraré en describir algunos aspectos que tienen como base la educación humanista, entendiendo ésta en su doble sentido de dirigida a l@s human@s y centrada en  ell@s. Un abrazo y que el Amor y la Paz vayan con vosotr@s. Namasté.


Copyright © 2010 Mª Dolores Sánchez-Villacañas. Reservados todos los derechos

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