De Viaje hacia el Ser (1) - Alcántara Psicologia y Espiritualidad

Buscar
Vaya al Contenido

Menu Principal

De Viaje hacia el Ser (1)

Articulos Interesantes > Psicología Esotérica y Energética
De Viaje hacia el Ser (1)

La mejor y más segura manera de hacer es ser. La primera ley de vida que debiéramos tener presente y cumplir es ser quien realmente somos y estamos destinad@s a ser. Ésta es nuestra tarea de vida, deber y derecho fundamentales, aunque con frecuencia, tal vez por obvia, la olvidamos. Mucho más importante, necesario y fructífero que hacer y tener muchas cosas o conocer muchos lugares es ser. El ser es la base de todo lo demás y según cómo lo cultivemos, lo cuidemos y lo desarrollemos, así serán nuestros pensamientos, emociones, palabras y actos, como consecuencia: nuestro carácter y, por extensión: nuestro destino, considerado éste como propósito y proyecto vital derivado de dicho ser.

  El viaje hacia el ser es, a la vez, el más corto y el más largo que hacemos. El más corto porque no debemos ir a lugar alguno: ya somos ese ser, y el más largo porque dura toda nuestra vida y requiere innumerables avances y aprendizajes, muchos de ellos disfrazados de paradas, retrocesos y dificultades. La persona íntegra no debe considerar tanto lo que hace o tiene, que sin lugar a dudas es importante y necesario, sino lo que en realidad es, sin máscaras ni trampas que desvirtúen esa pura y genuina esencia. Cuanto menos desarrollado está el ser, el manantial interior, menos persona somos y menos expresamos armoniosa y equilibradamente nuestra vida, tanto más necesario consideramos tener y hacer, tanto más enajenada e infeliz es nuestra existencia y, como consecuencia, la de quienes nos rodean.

  El desarrollo y la expresión del ser acarrea, entre otras muchas,  las siguientes posibilidades: vivir la propia vida; expresar las propias facultades y capacidades; ser productivamente activ@; salir de la prisión del egoísmo y relacionarse con otras personas a través del conocimiento mutuo, el respeto, el cuidado, la responsabilidad y el amor.  Tomar la alternativa del ser no es, en modo alguno, cruzarse de brazos ante la vida, sino abrirlos y tenderlos a ella, afrontarla y hacer lo que deba hacerse, pero teniendo como base y referencia ese núcleo interior: la mejor obra y el mayor milagro que puedan existir, en vez del poder, las posesiones, los logros y los resultados externos.

De Viaje hacia el Ser (1)

Cultivar el ser no significa despreciar ni hacerse reproches por la abundancia material que haya en nuestra vida. Lo material es necesario, lo merecemos cuando lo ganamos justamente y nada tiene de malo disfrutarlo, es más, puede facilitar y promover la búsqueda de la realización de ese ser con el que cada cual nace, así como contribuir a que otras personas también lo logren, siempre y cuando lo usemos como un medio para ese fin.  El riesgo de la abundancia material está en apegarse a ella y convertirla en el objetivo último a conseguir, confundiéndola y tomándola como base esencial y constituyente del ser, en vez de verla como algo que proporciona posibilidades y comodidades pero que no es el ser.  Si venimos a este mundo desnud@s y sin posesiones materiales, y nos vamos de él de la misma forma, aunque la economía familiar en el momento de la llegada y de la partida influyan y mucho, ¿no será que lo material, una vez cubiertas las necesidades esenciales, sólo es un aditivo y no el alimento real que el ser necesita para desarrollarse?

  No hay duda alguna de que todo lo que vive es, por el sólo hecho de existir, pero ¿realmente somos quien queremos ser y de la manera en que queremos serlo o nos dejamos llevar por la moda, las experiencias y el criterio de otras personas, la costumbre, el miedo...?  Saber quién y cómo somos requiere conocimiento y éste precisa observación.  No podemos ser quien somos si previamente no nos observamos ni nos conocemos adecuadamente, con los defectos y las virtudes, los errores y los aciertos, lo negativo y lo positivo. Tampoco podemos cambiar y mejorar si antes no averiguamos qué aspectos lo necesitan.  Debemos poner la libertad y la voluntad al servicio de ese conocimiento para poder realizarnos una vez adquirido y, sobre todo, empleado. Si no pasamos del dicho al hecho, la tarea no se completará y se quedará únicamente en palabras, ideas e intenciones.

  Algunas preguntas que pueden guiar la observación y el conocimiento interior son: ¿quién soy?, ¿quién quiero ser?, ¿cómo quiero serlo?, ¿qué quiero y qué no quiero hacer con ello?, ¿qué es la persona que yo quiero ser?, ¿a qué grupo de personas quiero pertenecer: al de la gente con un ser y una vida ajenos o al de la gente que sabe quién es y lo practica?, ¿qué capacidades y talentos tengo y cómo puedo desarrollarlos para ser una persona cada vez más íntegra y completa? Una vez planteadas éstas y otras cuestiones, es necesario prestarse atención y observarse para  encontrar respuestas y elaborar un proyecto propio de ser, de comportamiento y de vida, acorde con lo que un@ quiera y pueda lograr, sin perjudicarse ni perjudicar a otras personas.  A medida que la búsqueda sea más constante y profunda, irán saliendo más aspectos y facetas para expresar dentro del mundo que nos rodea.

  Este viaje hacia el ser requiere,  como todo lo demás:  aceptación, responsabilidad, compromiso, valentía, firmeza, perseverancia... para no venirse abajo ante las dificultades, los rechazos o la soledad que por el camino puedan surgir. Aunque el cambio es inseparable de la vida, variar nuestros hábitos, incluso los que sabemos de sobra que son inadecuados y nos perjudican, suele resultar difícil y en ocasiones doloroso, pero hay que aceptar y convivir con los inconvenientes durante un tiempo, para que nuestro ser vaya saliendo de su escondite, fortaleciéndose y evolucionando. También suele resultar difícil e incómodo para quienes nos rodean comprender esos cambios ya que, directa o indirectamente, acarreará alguna variación en su conducta y en sus reacciones hacia nosotr@s, que no aceptaremos muchas cosas que antes nos parecían adecuadas.

  Viajar hacia el ser íntimo, personal y único que cada cual es, no significa encerrarse en él a cal y canto para que nada bueno salga ni nada malo pueda entrar. Esto sería precisamente no ser, no vivir, no expresarnos al exterior sino quedarnos dentro del propio mundo mirándonos el ombligo.  Tampoco significa llevar la propia forma de ser y de hacer al extremo, ni pretender mantenerlas en todo momento y lugar, puesto que la realidad está en permanente cambio y debemos saber adaptarnos a ella, saber traspasar nuestras normas, hacer cosas diferentes e improvisar, aunque en ocasiones se parezca a lo que no queremos o no nos gusta hacer.  Quien conoce su verdadero ser y obra conforme a sus leyes, no se transformará en una mala persona cuando, a falta de otras alternativas o ante la posibilidad de usarlas, actúe un poco menos bien de lo que suele hacerlo cuando los acontecimientos son propicios. La rigidez y el aferramiento a las propias definiciones, convicciones y actos no son sanos, ni siquiera cuando son adecuados, la inmensidad, la apertura y la flexibilidad de la realidad requiere y demanda cambios continuamente. Una vez que nos conocemos, elegimos quién y cómo queremos ser y vivir, y empezamos a apoyarnos en ello, no sólo nos realizamos, también podemos trascendernos y contribuir al bien común.

Copyright © 2010 Mª Dolores Sánchez-Villacañas. Reservados todos los derechos
 

Regreso al contenido | Regreso al menu principal