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Antes de explicar en qué consiste la Autoestima Incondicional, propongo una reflexión para contestar por escrito las siguientes preguntas:
1. ¿Qué es lo mejor de mí mism@?
2. ¿En qué me gustaría o necesito mejorar?
3. ¿Con qué cualidades, recursos, herramientas... cuento para ello?
4. ¿Qué recursos, herramientas, cualidades... necesito aprender o desarrollar?
5. ¿Qué es para mí la autoestima?
6. ¿Qué características tiene una persona con una sana autoestima?
7. ¿En qué, cómo, cuándo, por qué y con qué me estimo cotidianamente?
Hay tres esquemas de autoestima:
1. Hago -
2. Hago -
3. Soy -
El primer esquema
El segundo esquema favorece en cierto modo la autoestima genuina, hay relación con un@ mism@: puesto que estamos viv@s hacemos cosas, nos queremos tal cual somos y al querernos conseguimos resultados. Es un esquema de autoestima incondicional y un lenguaje de proceso más que de resultados.

El tercero favorece más aún la autoestima incondicional, puesto que en primer lugar da importancia a lo que ya somos, a que existimos, requisito previo e imprescindible para todo lo demás. Una vez reconocido esto y su importancia, y antes de plantearnos hacer o no hacer cosas, es primordial que nos aceptemos tal cual somos y nos queramos, lo que desde luego no significa que todo lo que hagamos sea digno de aplauso, porque en muchas ocasiones no lo es.
Cuando somos niñ@ nuestras necesidades dependen de que l@s demás las satisfagan y esas necesidades de niñ@ se transforman en deseos al llegar a adult@s. Si seguimos a lo largo de nuestra vida el esquema de la autoestima condicional, nuestra estima genuina como personas no llegará a desarrollarse o será deficiente, porque una vez alcanzado aquello que pensamos fortalecerá el aprecio genuino por nosotr@s mism@s, sentiremos la necesidad de lograr otra meta, sin saciarnos ni querernos mientras no la hayamos conseguido.
El conjunto de percepciones, pensamientos, evaluaciones y sentimientos hacia nuestra persona, nuestro cuerpo, nuestra manera de ser, de comportarnos y de relacionarnos, nuestra valía personal y el sentido de nuestra vida, da lugar a unas actitudes respecto a un@ mism@ englobadas bajo el término autoestima. Ninguna persona deja de pensar en sí misma, de sentir cosas respecto a ella misma ni de evaluarse, por lo que tod@ desarrollamos una autoestima condicional o incondicional, débil o fuerte, aunque no nos demos cuenta. Una vez adoptada una u otra, influirá en esos pensamientos, sentimientos, actitudes y actos hacia nuestra persona, debilitando la autoestima y haciéndola condicional o fortaleciéndola y convirtiéndola en incondicional, según la manera en que nos aceptemos, nos apreciemos y nos evaluemos.
En la base de la autoestima incondicional debe estar la aceptación visceral del siguiente principio: Tod@ ser human@ sin excepción, incluid@ yo mism@, por el mero hecho de serlo, es dign@ del respeto incondicional de l@s demás y de sí mism@; merece que se le estime y que se estime (Bonet, 1997). Este principio es útil para separar a la persona, siempre digna de respeto, de su conducta, que en ocasiones puede ser errónea y motivo de una seria reprobación o incluso de una fuerte sanción.
Copyright © 2009 Mª Dolores Sánchez-