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La atención plena es la conciencia que surge de prestar atención, de forma intencional, a la experiencia tal y como es en el presente, sin juzgarla, sin evaluarla y sin reaccionar a ella. La práctica de la atención plena supone dirigir la atención a cada momento y acontecimiento que estamos viviendo, con una actitud de compasión, interés, apertura y amabilidad, independientemente de lo agradable y atractiva o desagradable que sea o se perciba la experiencia concreta de que se trate. Es un tipo de consciencia no conceptual y no verbal, que atiende a cada pensamiento, sensación o sentimiento que aparece en ella, lo acepta tal como se presenta y no reacciona, consiguiendo con ello estar en contacto con la realidad presente momento a momento, sea como sea esa realidad, puesto que una vez se ha presentado ya no se puede eludir, negar ni eliminar.
Cuando estamos en estado de consciencia plena, tomamos las sensaciones, los pensamientos y los sentimientos que surgen en ella como sucesos internos, observándolos tal como se presentan, sin identificarnos con ellos ni reaccionar para evitarlos o eliminarlos. Un@ mism@ es, a la vez: quien observa, lo observado y la observación. Con ello abrimos un espacio vacío entre la percepción y la respuesta que, con práctica, paciencia, dedicación y perseverancia, incrementará nuestra flexibilidad cognitiva y nuestra capacidad para responder de manera reflexiva y autodeterminada a las situaciones que nos encontremos en la vida, en vez de hacerlo de forma automática y repitiendo los patrones antiguos.
Dos componentes esenciales de la atención plena son: la autorregulación de la atención en la experiencia inmediata y una actitud de curiosidad. Gracias a la primera nos damos cuenta de dónde está nuestra atención en cada momento, con lo que reconoceremos los sucesos mentales, emocionales y corporales en el presente y a medida que ocurren. Con la segunda nos abrimos a la propia experiencia en cada instante y la aceptamos tal como se produce. Como consecuencia, el aprendizaje y el uso de la atención plena supone y proporciona tanto un mayor reconocimiento de la experiencia inmediata a medida que acontece, como un mayor grado de claridad, intensidad y viveza en la percepción de esa experiencia concreta, sea como sea.

La atención plena puede aprenderse y desarrollarse, proporcionando numerosos beneficios en muy distintas áreas, como por ejemplo: el dolor crónico, el estrés, la depresión, la ansiedad, la calidad de las relaciones afectivas y la salud en general.
Algunas actitudes que promueve y fortalece la atención plena son las siguientes:
1. No juzgar: Observar la propia experiencia de forma objetiva e imparcial
2. Paciencia: Aceptar y comprender que las cosas suceden a su propio ritmo, que el río de la vida fluye por su propia fuerza y que no podemos forzarlo sin riesgo de provocar un atasco o una inundación
3. Mente de principiante: Dejar a un lado las expectativas y las experiencias previas, atendiendo a lo que realmente pasa como si fuera la primera vez
4. Confianza en la propia bondad y sabiduría básicas: Ser un@ mism@, sin imitar a otras personas
5. No esforzarse por conseguir propósitos: Cultivar una actitud sin lucha ni esfuerzo, siendo plenamente consciente de lo que va surgiendo
6. Aceptación: Ver las cosas como realmente son en cada momento. Esto no significa que deba gustarnos todo lo que ocurre a nuestro alrededor, ni que tengamos que ser pasiv@s ante lo que afecte a nuestros principios, valores o intereses. Se trata de usar el conocimiento de la realidad para actuar en ella de la forma más adecuada y correcta posible
7. Dejar pasar: No apegarse ni dejarse atrapar y arrastrar por los pensamientos, los sentimientos, las sensaciones ni los deseos
Practicar y extender la atención plena hará que nuestra mente, nuestro corazón y nuestro espíritu sean más equilibrados, armoniosos y ecuánimes, lo que redundará muy positivamente en nuestros actos y en nuestras relaciones.
Copyright © 2009 Mª Dolores Sánchez-